El cuento de la criada*
"Cuando cerré los ojos, era una criada."
Vestía esa larga túnica roja, ni si quiera alcanzaba a ver mis pies cuando agachaba la vista. Calzaba unas botas marrones igual que las de June. Y lo que no podía entender era que, a pesar de estar soñando, me sentía literalmente violada.
Luck, Moira y Nick estaban delante mía, con una expresión llena de vitalidad en el rostro. Yo no entendía nada, pero me seguía sintiendo enferma.
Luck me puso una mano encima del hombro y me estremecí. Tan loco era el poder de la mente que lo noté como si de verdad me hubiera tocado.
Me sentía incómoda a pesar de que ellos parecían todo lo contrario.
-¡Os vamos a sacar de Gilead! ¿Dónde está June?-Me preguntó Moira, convencida de que sabía la respuesta.
Me encogí de hombros y rápidamente cambiaron la expresión.
-Nos hemos jugado la vida, podríamos seguir en Cánada. Pero decidimos cruzar para sacaros de aquí.-Dijo Luck.-Y ahora resulta que June no está contigo.
Nick y yo nos miramos a los ojos, pues eramos los únicos que comprendíamos el sufrimiento que se padecía en cada rincón de Gilead. Cuando cerrábamos los ojos y tratábamos de encontrar la paz, los llantos, los gritos y las embestidas de los comandantes era todo el silencio que podías escuchar.
Me arremangué un brazo y pude ver las marcas de sus dedos. Dedos de una esposa fuerte y ansiosa por hacerme concebir un hijo que ni siquiera sería suyo.
Cuando me llevé la mano al muslo, un moretón inflamado me recordó el por qué me sentía violada. Porque eso hizo el comandante Fred Waterford , violarme mientras miraba inexpresivo a unos ojos que estaban vacíos.
Una solitaria lágrima comenzó a recorrerme la cara.
Nick me sacó de aquellos pensamientos.
-Hay que buscar a June, Estela.-Dijo convincente.
June llevaba aquí desde el principio, ella me acogió a mí y, en la medida de lo posible, cuidó de mí. Ella ya había concebido a un hijo para el comandante Waterford y la marza.
Cuando estaba embarazada intentó huir de Gilead pero no llegó muy lejos. Rompió aguas en una casa abandonada y parió sola, absolutamente sola. Y una vez con la criatura en las manos, la encontraron y se la arrebataron.
Ha sufrido más que ninguna criada.
La tía Lydia hizo que una vez nos meáramos todas encima, amenazando con ahorcarnos. La tía Lydia tiene un vínculo con todas sus "niñas" o todas sus "criadas". Nos educó en una fe cristiana que ella misma se inventó.
La esposa Serena una vez le reventó a June la cara contra el pico del lavabo mientras yo lo veía. Y luego la hizo limpiar su propia sangre. Porque June era poderosa y, a pesar del sufrimiento, siempre la encaraba.
June seguía siendo alguien, pero alguien que ya ninguno conocíamos.
Un día, Nick y yo pudimos sentarnos con ella a hablar de una fantasiosa huida de Gilead, y mientas ambos sonreíamos imaginándolo, June solo asentía y decía. "eso sería maravilloso"
Desde hacía cinco días, June se encerró en su habitación y no volvió a hablar con ninguno.
Ni siquiera salió a por Luck o Moira cuando los escuchó llegar. O al menos eso pensaba yo, que los había escuchado.
Moira era amiga de June. Luck era el marido. Los dos entraron en Gilead escondidos en uno de los convoyes militares. Venían a rescatarnos y les quedaba poco tiempo antes de que el comandante Waterford o la marza entrara en la casa y todo se fuera al traste.
-¡Estela!
Luck me zarandeaba por los hombros.
-Estela, Estela.-Decía.
-Está en su habitación.-Contesté, al fin.
Los cuatro salimos corriendo al segundo piso, tropezando los unos con los otros mientras subíamos las escaleras.
Cuando llegamos, nos paramos frente a la puerta de su habitación y, como si fuéramos idiotas, tocamos amablemente con la confianza de que June contestaría.
Al no haber señal, pegué mi cabeza contra el pomo tratando de escuchar algo.
De repente, un hedor salió disparado por entre el cerrojo de la puerta.
Un hedor a carne podrida.
Blancos como el papel, Nick y Luck embistieron contra la puerta una y otra vez hasta abrirla.
La siguiente imagen he tratado siempre de describirla de mil maneras tal y como la vi en mi cabeza. Pero es imposible hacerlo.
Unos pies blancos como la misma muerte cayeron frente a mis ojos. Unos pies cubiertos hasta la mitad por aquella túnica roja. Colgaban rígidos y fríos al igual que lo hacía el cuerpo de June de aquella soga.
Automáticamente, el corazón se me aceleró y desperté de la pesadilla como Tutankamón lo haría de su tumba.
Me afectó tanto la imagen de aquellos pies sin vida colgando en aquella habitación vacía, que me mantuve despierta el resto de la noche por miedo a volver a quedarme dormida.
Estela Murcia Gómez
- *"El cuento de la criada" es una serie dramática basada en el premio best-seller de Margaret Atwood, narra la vida distópica de Gilead, una sociedad totalitaria que antiguamente pertenecía a los Estados Unidos. Los desastres medioambientales y una baja tasa de natalidad provocan que en Gilead gobierne un régimen fundamentalista perverso que considera a las mujeres propiedad del estado. Una de las últimas mujeres fértiles es Defred (Elisabeth Moss), sirvienta de la familia del líder y una de las mujeres forzadas a la esclavitud sexual para llevar a cabo un último intento desesperado de repoblar un mundo devastado. Puedes verla en: HBO

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